El 12 de Agosto de 2026 hubo un eclipse solar que fue total en una estrecha franja que cruzaba España entrando por Baleares y saliendo por La Coruña. En el eje de máxima visibilidad la fase de totalidad duró casi dos minutos. Lugo era un sitio privilegiado para su observación. Nosotros ajustamos nuestras habituales vacaciones de verano en Nadela para incluir las fechas del eclipse. En previsión del eclipse compré en telescopiomanía.com una hoja de filtro solar de mylar marca Baader. Con la 3D le hice un soporte adaptado a la boca del parasol del Sigma 100-400 f:5 DG DN y una caja para transportarlo. A eso se suma un trípode bastante pesado, un disparador remoto, la cámara, una Sony a6500, APSC sin espejo y un jersey de cashmir para proteger a todo del sol. Este es el reportaje de mi eclipse. Eduardo Grandío. Nadela (Lugo). Agosto 2026 |
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Ya está todo el equipo cargado y listo. La SD formateada y el móvil cargado. Las sillas plegables preparadas para meterlas en el coche y, por lo visto, también llevaremos sandwiches, empanada, bebida y postre. Todo un picnic familiar que horroriza a Teté y que Luisa Vera promueve encarecidamente. El plan tiene algo de excursión improvisada y algo de operación fotográfica: comida, sillas, cámara, trípode y todo lo necesario para pasar la tarde esperando que la Luna vaya ocultando poco a poco el Sol. |
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Poco antes de empezar el eclipse aparecieron Carmen de Suso, Luis, su marido, y su sobrino Jesús, el hijo de Chus. Él vio nuestro montaje y se dio un salto a casa a buscar sillas y cervezas. Y así, casi sin haberlo planeado, terminamos viendo el eclipse todos juntos. Fue una situación muy divertida y, de alguna manera, hizo que aquello dejara de ser solamente una sesión fotográfica. Había cámara, trípode y teleobjetivo, por supuesto, pero también conversación, comida, cerveza y gente alrededor. Una experiencia compartida que iba a quedar asociada para siempre a las fotografías que estaba a punto de hacer . |
Me busqué un puesto en el borde del sol, con mi silla, el trípode, la Sony A6500, el Sigma 100-400 y el disparador de cable. Había preparado previamente la cámara siguiendo un criterio bastante general de los que se encuentran en la red para fotografiar un eclipse. Sobre el papel parecía una configuración razonable, pero pronto descubrí que había una diferencia importante: aquellos parámetros estaban pensados para un eclipse con el Sol bastante alto en el cielo. Este eclipse iba a producirse a la caída de la tarde y, por tanto, la luz disponible era considerablemente menor. |
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La diferencia se hizo evidente desde la primera fase de parcialidad. Las fotografías que tenía programadas estaban quedando claramente subexpuestas. Había comenzado con 1/500 de segundo, f/8 e ISO 100, pero tuve que ir modificando los tiempos de exposición. Al final de la parcialidad había llegado a 1/250. Era una de esas situaciones en las que la planificación inicial sirve como punto de partida, pero la realidad obliga a tomar decisiones sobre la marcha. El eclipse no se comportaba como los ejemplos que había utilizado para preparar la sesión. |
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Y entonces llegó uno de los momentos más delicados: quitar el filtro y las gafas. Yo me retrasé unos diez segundos. Diez segundos pueden parecer nada, pero durante un eclipse son suficientes para perder una fase importante. En ese momento pasé al modo Memoria 2, que tenía preparado con un bracketing de ±1 EV y cinco fotografías por ráfaga, alrededor de 1/500 de segundo. Hice varias ráfagas y, casi inmediatamente después, llegó la totalidad. El objetivo de esta fase es fotografiar el Anllo de Diamantes, las Perlas de Bayle y la cromosfera solar. El anillo es el brillo de la última parte del disco por ocultar. Las perlas un efecto causado por el relieve de la Luna. La cromosfera es la capa situada entre la fotosfera y la corona. |
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A partir de ahí cambió completamente la situación. Pasé a la Memoria 1, configurada con un bracketing de ±3 EV y cinco fotografías, alrededor de 1/125 de segundo. Disparé varias veces, pero en realidad ya no estaba pendiente de la cámara como hasta ese momento. Quería ver el eclipse. Quería disfrutarlo. Hay una contradicción inevitable en fotografiar un fenómeno así: uno llega con la intención de registrarlo, de conseguir la mejor imagen posible, de controlar la exposición y de no perder ningún detalle, pero cuando finalmente llega la totalidad resulta difícil permanecer mirando una pantalla o pensando únicamente en los parámetros de la cámara. La totalidad dura muy poco y hay que elegir entre fotografiarla y contemplarla. Yo hice ambas cosas, aunque no siempre con la atención que habría dedicado a una sesión fotográfica normal. La cámara siguió haciendo su trabajo mientras yo intentaba disfrutar de lo que estaba ocurriendo delante de mí. Hacia el final puse 1/60 de segundo y la exposición ganó todavía más, pero para entonces el Sol estaba ya muy al borde del encuadre. La posición cada vez más baja del Sol añadía otra dificultad a la sesión. No se trataba solamente de conseguir una exposición correcta: también había que mantener el encuadre, controlar el desplazamiento del Sol y trabajar con una luz que estaba cambiando continuamente. |
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Cuando terminó todo comprobé que habían salido 201 fotografías, tanto en RAW como en JPG: 402 ficheros en total. No está mal para una sesión en la que, además de los pequeños errores y ajustes improvisados, había tenido que luchar contra una configuración inicial demasiado conservadora y contra el inevitable deseo de dejar de mirar la cámara para mirar directamente al eclipse. A pesar de todos esos detalles, los ajustes, los cambios de exposición y mis propios despistes, al final cumplí los objetivos con creces. Había fotografías de la parcialidad, del anillo de diamantes, de las perlas de Baily y de distintos aspectos de la corona. Es decir, no solamente había conseguido documentar el eclipse, sino que tenía material suficiente para intentar reconstruir fotográficamente las distintas fases de aquella tarde. Las primeras imágenes que edité fueron tomas únicas. Buscaba seleccionar una fotografía representativa de cada fase, tratando de construir una especie de relato visual del eclipse. Era una forma bastante directa de trabajar: elegir una exposición que funcionase y procesar cada fotografía individualmente. |
Pero después empecé a trabajar con Aurora HDR y descubrí que el material obtenido mediante el bracketing ofrecía muchas más posibilidades. La combinación de varias exposiciones permitía recuperar información que en una toma única quedaba demasiado oscura o demasiado clara. La diferencia se hacía especialmente evidente en las imágenes de la corona, donde la gama de luminosidades es enorme y una sola exposición difícilmente puede recoger con naturalidad todos los detalles. Continué haciendo más retoques y nuevas pruebas con el HDR de Aurora. En general estoy contento con el resultado, aunque sigo pensando que me retrasé al retirar el filtro. También quedó claro que las indicaciones de exposición que había utilizado inicialmente llevaban a una cierta subexposición. Supongo que la razón está en que aquellos datos estaban pensados para eclipses con el Sol alto en el cielo, mientras que en este caso el eclipse estaba comenzando ya durante el atardecer. La diferencia no era solamente técnica. A medida que avanzaba la tarde, la luz iba adquiriendo una tonalidad completamente distinta y el Sol terminó convertido en una esfera naranja, muy diferente del Sol blanco y brillante de las horas centrales del día. En esa última fase llegué a exponer a 1/25 de segundo, f/8 e ISO 100. Son parámetros que, vistos fuera de contexto, pueden parecer extraños para fotografiar el Sol, pero las condiciones de luz del momento los hicieron necesarios. |
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Es un procedimiento que recomienda el vídeo de YouTube «Eclipse solar total: Tutorial de procesado básico + trucos», (https://www.youtube.com/watch?v=c21DB4M-znM) y el efecto es evidente: los filamentos de la corona se hacen mucho más visibles y adquieren una presencia que en la fotografía original resulta bastante más difícil de apreciar. |
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Al final, después de todas las pruebas, las correcciones, los HDR y las distintas versiones, quedan tres fotografías oficiales del eclipse. Una recoge los filamentos de la corona y concentra en una sola imagen toda la complejidad de la totalidad. Otra es la secuencia documentada, la que intenta explicar fotográficamente lo que ocurrió durante aquella tarde. Y la tercera es la parcialidad poética, probablemente la menos estrictamente documental y quizá por eso mismo una de las que mejor conserva la sensación de aquella tarde. |
Tres fotografías para resumir una experiencia que, en realidad, fue mucho más que una sesión fotográfica. Hubo preparativos, errores, cambios de exposición, filtros que había que retirar a tiempo, bracketing, trípode, 402 archivos y muchas horas posteriores delante del ordenador. Pero también hubo una silla en el borde del sol, un cielo completamente azul, una empanada, unas cervezas, amigos y familia reunidos y, durante unos minutos, la sensación de estar contemplando algo que no ocurre todos los días. |
La cámara registró el eclipse y las fotografías registraron, de alguna manera, aquella tarde. |
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